OPINION : Claudio Gastaldi

El neoliberalismo desencajado en una América Latina convulsionada

El presidente chileno Sebastian Piñera, el más claro exponente (junto a Mauricio Macri) del neoliberalismo en la región, le declaró la guerra a su pueblo. Lleva más de 20 muertos, 5 mil detenidos, 1.600 hospitalizados, además de violaciones a los derechos humanos. Hechos que ya ameritaron una querella en su contra por delitos de Lesa Humanidad. Sordo, inmune al clamor de millones para que se vaya ya, dicta más leyes represivas. Como Pinochet, dejará manchada de sangre esa tierra de hombres y mujeres que se cansaron de la sumisión. Ese es el rostro del neoliberalismo cuando gobierna y es cuestionado. Pero ese mismo rostro de violencia, de odio y de racismo, lo muestran cuando quieren llegar al poder y no pueden. Allí tenemos el ejemplo de Bolivia, donde intentan repetir lo que hicieron en Venezuela. O golpes de Estado “blandos” para encarcelar a los principales opositores, Lula en Brasil, cuya proscripción allanó el camino a un intolerante y violento como Bolsonaro. Todos ellos, Piñera, el opositor Mesa en Bolivia y Bolsonaro pertenecen a la misma estirpe que Macri, todos exponentes de proyectos neoliberales que, en lo económico implican hambre y padecimiento para los pueblos y un autoritarismo político que llega hasta donde los pueblos se lo permiten. Que ejemplos, que enseñanzas nos dan estos procesos.

NUNCA EL NEOLIBERALISMO TUVO OPONENTES TAN CLAROS

Los proyectos neo-liberales siempre se la habían ingeniado, al menos hasta comienzos de este siglo, para que los partidos que llegaran al poder hicieran más o menos lo mismo, aunque se mostraran frente a sus pueblos como diferentes.

En el caso de Argentina, peronistas y radicales ; en Uruguay, Blancos y Colorados ; en Brasil el PMDB, PSDB, etc. ; En Venezuela ADECOS (Socialdemocratas) y COPEI (Cristianos). En fin, hasta comienzos de este siglo y luego de largos períodos dictatoriales, en esos y otros países de la región, cada uno de esos partidos pasaron por el poder y los pueblos, democracia mediante, fueron aprendiendo que eran todos más o menos lo mismo y los que no (izquierdas) estaban lejísimo del poder.

Empezó a nacer allí un distanciamiento de la política. Hasta que apareció Chavez en Venezuela, (1999), una Venezuela convulsionada por el hambre. Chavez demostró en pocos años que se podía llegar al poder con un discurso rupturista y transgresor y gobernar en favor de los más humildes.

Fue el puntapié inicial para que América Latina despertara y fuera construyendo nuevos liderazgos. Los Kirchner en la Argentina representando a un peronismo alejado de la patota y el autoritarismo que lo distinguió rápidamente ; el PT en Brasil, un partido de trabajadores a cuya cabeza apareció un obrero metalúrgico que rompió los esquemas y llegó al poder.

En Uruguay el Frente Amplio, coalición de partidos de izquierda que no superaban el 20 % del electorado puso de presidente nada más ni nada menos que a un tupamaro al que la dictadura lo tuvo encerrado en un pozo durante años. La oleada popular fue de tal magnitud que el sector más estigmatizado de Bolivia llegó a ubicar a un Indio aymara como presidente, casi una extravagancia que nunca se le hubiera ocurrido al revolucionario setentista más volado.

Cada uno de ellos utilizó las grietas del sistema y demostró lo que Salvador Allende quiso y no pudo hacer en Chile. Es decir, gobernar para todos, incluir a los desposeídos, darles un lugar en el mundo, convertir a los pueblos en protagonistas de su propio destino y demostrar que eso no es una simple expresión.

EL NEOLIBERALISMO ENCONTRO LA FORMA DE DETENER ESOS PROCESOS

No es casual que en cada uno de estos países el caballito de batalla de los acérrimos opositores neoliberales haya sido la corrupción.

En la Argentina ya lo habían hecho antes con Irigoyen y Perón, también con Illia, en rigor, es la forma en que lograron desbaratar cualquier experiencia de mejora social.

En este siglo, los medios de comunicación jugaron un papel trascendental para sus objetivos. Fueron los impulsores de la GRIETA, del odio al que piensa diferente o apoya esos procesos.

Así, encarcelaron a Lula, lo empujaron al exilio a Rafael Correa, en Venezuela generaron uno de los procesos más violentos del que tengamos memoria prendiendo fuego a las personas en las calles de Caracas, una manera de decirle al mundo que NI SE LES OCURRA.

Lo mismo intentan hacer ahora en Bolivia desconociendo el triunfo de Evo.

 

PERO LOS PUEBLOS TAMBIÉN APRENDEN

En nuestro país el macrismo también lo intentó, pero no pudo. La unidad política fue la que les desbarató el plan. Aprendimos y de allí podrán tomar experiencia otros pueblos hermanos.

Ahora iniciará un nuevo gobierno y el pueblo argentino tendrá la posibilidad de confrontar claramente la diferencia entre un gobierno neo-liberal como el de Macri que llegó después de un gobierno popular y se va dejando lugar a otro gobierno popular. Qué mejor experiencia para un pueblo poder mirar en tan poco tiempo los beneficios y desgracias que le trajo uno y otro a sus vidas cotidianas.

La pueblada chilena que no se detiene, demuestra que, ahora, el problema lo tienen ellos. Hoy más que nunca resuenan las palabras de Salvador Allende cuando bombardeado en la Casa de la Moneda se dirigió a su pueblo y les dijo “Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales, ni con el crimen, ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

Y premonitorio finalizó “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.