24/04/2019 - 08:14:50 - visitas: 187
Nacional

Se presentó en la causa de la denuncia basada en escuchas ilegales

Leonardo Fariña se esconde detrás de Elisa Carrió

Leonardo Fariña inició ayer una contraofensiva presentándose ante el juez Claudio Bonadio en Comodoro Py. El arrepentido quedó en situación catastrófica a raíz de que se demostró que sus declaraciones en la causa de lavado de dinero –llamada por los grandes medios “la ruta del dinero K”– fueron guionadas y dictadas por integrantes de la AFI. Como esa maniobra delictiva se está investigando en Dolores, Fariña corrió a sumarse a la denuncia de complot presentada originalmente por Elisa Carrió en base a escuchas ilegales de diálogos de personas que están presas en el penal de Ezeiza. Fariña sostiene que el expediente que instruye Alejo Ramos Padilla fue producto del complot mencionado por Carrió pero en el que intervinieron sus ex abogados Franco Bindi, Giselle Robles, las también letradas Tatiana Teranzo y Elizabeth Gassaro, todos vinculados –según dice Fariña– con ex integrantes de la AFI. El problema del arrepentido es que nada derrumba las pruebas de que su declaración judicial fue falsa y redactada por el gobierno de Mauricio Macri a través de la central de espías. 

Fariña pidió hablar en el juicio por lavado de dinero en la audiencia de este miércoles. Sucede que primero lo hará Leandro Báez y la declaración del hijo del constructor santacruceño podría ocupar todo el tiempo disponible. En ese caso, los jueces dispondrían que Fariña declare este viernes. Sin embargo, la jugada principal del arrepentido pasa por alguna medida espectacular que pueda adoptar Bonadio. Fariña estuvo en Comodoro Py un largo rato y entregó un escrito patrocinado por el abogado Diego Bandin. Aunque el textual de la denuncia no se conoce, trascendió que se suma a la denuncia de Carrió de que la causa Dolores fue obra de los ex funcionarios kirchneristas detenidos en Ezeiza. 

La hilación sería la siguiente:

Fariña dice que Bindi fue el abogado de Pedro Etchebest, el denunciante original en el expediente de Dolores. Y por lo tanto inspiró las grabaciones, los audios y las capturas de pantalla que presentó Etchebest. 
El problema de ese argumento es que se trata de pruebas reales y contundentes de que Marcelo D’Alessio y su banda extorsionaron a Etchebest. Y la otra respuesta demoledora es que ya no se trata sólo de la extorsión a Etchebest, sino de muchas más extorsiones, coacciones, armados de causas y declaraciones falsas, espionaje ilegal y hasta la investigación del ex marido de la actual esposa de Stornelli. 
 
Fariña involucra a Giselle Robles en el mismo complot, pero el arrepentido afronta el mismo obstáculo: el juez Ramos Padilla comprobó que mediante mails se armó la falsa declaración de Fariña destinada a involucrar a Cristina Fernández de Kirchner en la causa del lavado de dinero y, sobre todo, en irregularidades en la obra pública. No sólo estuvo la cuestión de los mails sino también que Fariña fue entrenado por una abogada contratada por la AFI. A esto se agrega la reunión mantenida entre el ministro Germán Garavano, el arrepentido y su abogada. El magistrado de Dolores accedió a la casilla de correo de Robles y pudo determinar que la fecha de los mails indicando lo que tenía que declarar Fariña es anterior a su segunda declaración del 1 de agosto de 2016. 
Fariña ahora alega que no leyó este último texto, sólo firmó, pero es público y notorio que repetía lo mismo por televisión. También su declaración del 8 de abril incluyó partes del texto que le mandaron. 
 
Fariña sostiene que en la causa de Dolores actúan también las abogadas Tatiana Teranzo –defensora del ex espía Rolo Barreiro– y Elizabeth Gassaro. El arrepentido dice que ambas trabajan con Bindi. Nada de esto cambia los hechos. Es más, hasta el fiscal Juan Ignacio Bidone reconoció que proveyó la información con la que la asociación ilícita extorsionó, coaccionó y espió de manera ilegal. 
 
Finalmente, Fariña afirma que el grupo de abogados está relacionado con ex integrantes de la AFI, incluyendo al supuesto espía Alan Bogado, pero sobre todo a quienes tuvieron cargos más importantes en la central de espías. Señala que Bindi estaba relacionado con Juan Martín Mena y Oscar Parrilli, los titulares de la AFI al final del mandato de CFK. Este diario chequeó ese dato y resulta falso: el abogado no se vio nunca con los ex funcionarios. Hace tres años, Fariña también hizo una denuncia similar después de pelearse con sus abogados de entonces, Bindi y Robles. En aquel momento dijo que estaban vinculados a Fernando Pocino y José Luis Vila, también ex AFI. 
Hay una incongruencia central en las afirmaciones de Fariña. Sostiene que quienes lo acusan son parte de una trama kirchnerista, pero sucede que fueron sus abogados cuando declaró en contra del kirchnerismo y, en particular, en contra de CFK. La jugada de Fariña es sumarse a la denuncia de complot que hizo en su momento Carrió tratando de defender a Stornelli. Hoy la diputada bajó mucho el perfil de la defensa porque las evidencias contra el fiscal son demoledoras. Pero en los primeros días del surgimiento de la causa de Dolores, Carrió se presentó esgrimiendo que había recibido un sobre anónimo que contenía la desgrabación de diálogos entre dos ex funcionarios detenidos y personas que estaban en libertad. 

En uno de los audios, el diálogo fue entre el ex secretario de Transportes Juan Pablo Schiavi y el ex embajador en el Vaticano Eduardo Valdés. En realidad, la escucha no demuestra nada de nada: Carrió puso el acento en la frase “Stornelli puff puff” pronunciada por Valdés. El intercambio se produjo el 17 de enero, diez días después de la extorsión a Etchebest. Igualmente Valdés declaró que el “puff, puff” se refería a que Stornelli esperaba que el ex secretario de los Kirchner, Isidro Bounine, declarara como arrepentido y Bounine sostuvo en cambio que no tenía de qué arrepentirse. 
 
La otra escucha ilegal fue a raíz de un diálogo entre Roberto Baratta y el ex funcionario kirchnerista Roberto Zelcovicz. Eso ocurrió el 1 de febrero cuando ya la denuncia por extorsión se había presentado, o sea que no pudo haber servido para hacer ningún armado. Un dato revelador es que el juez Ramos Padilla, en el Congreso, reprodujo un mensaje de voz que encontró en el celular de D’Alessio y en el que le adelanta que le manda un audio a Paula Olivetto. Ese audio luego se convirtió en el anónimo de Carrió. Fariña se sumó ayer tardíamente a este manotazo. Está contra las cuerdas porque los mails y los testimonios demuestran sus falsedades y cómo la Casa Rosada jugó para poner en su boca todo lo que necesitaban para apuntar contra la ex presidenta.

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