Pensar para Educar, por Tekoá

Últimos días

“La perfección es una pulida colección de errores”

Mario Benedetti

Suele ser en marzo cuando se habla de educación, de escuelas, de docentes y estudiantes. Rara vez es noviembre. ¿Por qué?

Marzo es el sueño de lo que inicia y también el negocio de lo que se necesita, en cuanto a lo material para transitar la búsqueda de los objetivos. Vidrieras que invitan a la compra de cientos de cosas, escuelas que envían listas de útiles. Uniformes y guardapolvos. Para algunes, con suerte, zapatillas nuevas para gimnasia, para otres, tal vez muchos, reciclado de mochilas de años anteriores, dándoles un toque de novedad, para sentir que hay un nuevo camino por recorrer.

Extrañamente en noviembre, la escuela no aparece en los diarios, ni en las vidrieras, ni en la radio. Los negocios sacan de sus estantes los “útiles escolares” para volver a colocarlos en febrero, siendo los mismos con precios nuevos.

¿Será porque noviembre es el fin del ciclo? ¿Cómo vive la familia, en noviembre la espera de la “última” nota, el alivio del que pasó raspando, la angustia silenciosa del “fracaso”? ¿Cómo vive el estudiante la llegada al hogar con la libreta? ¿Cuántos no duermen los últimos días completando trabajos que debieron presentar meses atrás, intentando entender conceptos que explicados o no, (a esta altura poco importa) deben demostrarse, al menos, memorizados?

 ¿Qué hacen les docentes con esa evaluación implícita al que se somete con cada cierre de ciclo? Lo evalúan los padres y madres, los y las estudiantes, pero también lo evalúan sus colegas y lo peor de todo: se autoevalúan, silenciosa y hasta inconscientemente, pero a la larga eso hace efecto en la psiquis de quien está en el aula como provocador de aprendizajes. Porque si hay una profesión que tiene fecha de autoevaluación es la del enseñante, y esa fecha está noviembre.

En estos días de noviembre es cuando el profe se encuentra con su propio trabajo en la vidriera. Padres y madres que reclaman, estudiantes que tratan de dibujar una realidad para los profes y otra para la familia. Y en medio de ello “el trabajo”, corregir, corregir y volver a corregir. Allí, él  y la docente, se encuentra con lo que hizo muy bien, y sonríe; con lo que hizo a medias y piensa hacerlo mejor el año siguiente, con lo que salió mal y… ¿entonces? A veces no lo puede ni quiere aceptar y pide licencia, otras se enoja con los estudiantes, los directivos, la normativa y hasta con el presidente del CGE. Algunas veces cree que lo que aprendió hasta ahora no es suficiente y se compromete consigo mismo a comenzar una especialización, diplomatura, licenciatura, curso o cursito en el próximo ciclo.

Pero lo que no sucede es que se hable de esto en los diarios, en los medios de comunicación, en las redes. De tanto en tanto se ve algún posteo de alguna madre orgullosa que dice que su hija o hijo ya paso de curso y alguna que otra vez una foto de libreta completa de dieces, solo para la frustración de cientos de padres y madres.

¿Quién habla de les estudiantes? Todos y nadie. Hablan los docentes, intentando que superen lo que se propusieron, que entiendan lo que no entendieron, que acepten que tal vez tengan que volver a repasar los contenidos. Hablan los padres, a veces con palabras duras que marcan para siempre al niño o niña: “No haces nada” “No servís para nada” “Te la pasas con el celular” “Mira lo que me haces” “Siempre la buena para nada” “Ya no espero nada de este inútil” “Otra vez un fracaso”. En otros casos palabras y palabras que intentan educar desde la comprensión y la responsabilidad. 

Pero la realidad es que sobre el cierre de noviembre hay un mar de rumores y un silencio general. Nadie, por fuera de la escuela, quiere hablar de qué pasó con los objetivos de marzo, ni con las zapatillas de gimnasia, ni con la mochila reciclada. Nadie quiere hablar de qué le pasa a les estudiantes que no logran cumplir con las expectativas de su familia, ni con las de los y las docentes, ni con las que ellos mismos se propusieron cuando se calzaron las zapatillas nuevas en marzo. ¡Ya está! Eso queda en el tintero, siempre con la promesa que el próximo año será diferente. Pero socialmente nada se dice, no hay notas en los diarios, ni entrevistas en la tele, ni micros en las radios. Parece que si no hay nada para vender no importa las huellas que deje el año escolar.

Si hubo acoso, bullying, maltrato, ya no importa. El próximo ciclo tal vez algo cambie, como por arte de magia, como se cambian los precios en las vidrieras. Serán las mismas emociones,  sentimientos,  angustias, alegrías…los mismos útiles, pero como tendrán otro precio parecerán diferentes.

Estamos en noviembre. Son los últimos días. ¿Mientras no hay escaparates con útiles escolares, por qué no hablar de cuestiones escolares que sean útiles?

 

Lic. Verónica López

Tekoá Cooperativa de Trabajo para la Educación