Por Sergio Brodsky (*)

ENTRE OJOS

Enrique Pichón Riviere, con su extraordinaria agudeza, recuperó la cotidianeidad como privilegiado escenario de análisis e indagación del modo en que se construye la subjetividad. Como en el cuento "La carta robada" de Edgar Allan Poe, no hay que buscar muy lejos la verdad, pues está siempre frente a nuestras narices. Así fueron el trabajo, las vacaciones, el tiempo libre, el fútbol, la vida cotidiana, los temas de sus investigaciones en los que se revela la relación dialéctica, mutuamente modificante, entre el sujeto y la vida social. 

Freud mismo situó el territorio de lo que nos sucede día a día, aquello que naturalizamos como "psicopatología de la vida cotidiana", nuestros lapsus, actos fallidos, sueños y chistes, como fenómenos que en su simplicidad, revelan las profundidades del inconsciente. 

También el arte como un maravilloso modo estético de acercamiento a la realidad, constituye una  vía de conocimiento del individuo y su relación con la sociedad.

Veamos como simple ejemplo los "Tiempos modernos" de Charles Chaplin, film que, a través del humor, desnuda y denuncia el trabajo alienado como producto de las modalidades fragmentarias de producción en el sistema capitalista. 

Lo cotidiano, aquello que vivimos día tras día, naturalmente debe volverse crítica, cuestionamiento, interrogación, deconstrucción de sus mecanismos. 

En tal sentido, la escuela es un espacio de convivencia en el que día a día los aprendizajes de los instituido se incorporan, es decir se hacen literal,  intensa e inopinadamente cuerpo. 

Así, en una columna de opinión anterior ("Reinas" DIARIOJUNIO) destaqué su tendencia a priorizar el aprendizaje de la competitividad, los estereotipos  y las calificaciones más que la construcción de la cooperación, la solidaridad, la amistad y la empatía. idealización de las notas, competencia por la bandera, olimpíadas disciplinarias, concursos científicos o artísticos, torneos deportivos, competencia de carrozas, elecciones de reyes y reinas etc. Precisamente en la nota referida traía a cuenta un hecho curioso: en una escuela de Salta, los chicos eligieron no elegir Reinas, pues veían allí la exaltación de la competencia, la consagración de estereotipos de belleza impuestos culturalmente y la exhibición cosificada de los cuerpos de sus compañeras.

Estos chicos pudieron realizar un ejercicio de  desnaturalización de los hechos, una crítica de la cotidianeidad presentada como lo dado, lo incuestionable, hijo de la tradición y la costumbre. Expresión de la dialéctica por la que la construcción de la subjetividad, es decir, de nuestros modos de sentir, pensar y actuar están determinados por los valores de la organización social y las estructuras de poder económico e ideológico que nos atraviesa, pero también (por eso dialéctica),demostraron la posibilidad de desmontar esos condicionamientos y cambiar "la realidad" impuesta. 

Del mismo modo, en el vínculo que establezco con los chicos a partir de talleres de prevención en salud mental, se presenta un fenómeno frecuente y  naturalizado. Ante actitudes o conductas que consideran violentas, caprichosas, antojadizas, arbitrarias o injustas por parte de sus profesores o personal de la institución, prefieren no responder, optan por el silencio, la aceptación pasiva de los hechos. 

Los chicos dicen que si hablan, interrogan, cuestionan o plantean estas situaciones "quedan fichados" o " agarrados entre ojos" por aquellos a quienes irían dirigidas sus quejas. Es decir, sufrir sus represalias. Creo que no es un fenómeno nuevo. Todos hemos vivido esas circunstancias, como alumnos, padres y docentes, en las que preferimos callar para evitar" consecuencias". Es mejor no poner en cuestión la "autoridad", incluso complacerla.

Este conocido fenómeno revela en lo cotidiano, la trama de relaciones de poder que se establecen en las instituciones. Aprendemos que el miedo y el disciplinamiento hacia la autoridad es más conveniente que la defensa de nuestros derechos o la búsqueda de reparación de injusticias o abusos. Foucault decía que el Poder no sólo se ejerce de un modo represivo, sino también productivo. Es decir, que produce, en sus tramas relacionales, sujetos sujetados a un orden de dominación y sometimiento. Esa lógica se prolonga en los métodos pedagógicos que siguen respondiendo a lo que Paulo Freire denominó "educación bancaria", basada en el depósito de aquel que enseña (lugar de poder), de un saber que no produce, en un alumno que lo acoge, como un recipiente pasivo, y lo repite de memoria, acríticamente. 

Así la Escuela, como establecía Foucault, respondiendo a sus mandatos fundacionales, sigue produciendo, como las cárceles, las fábricas, los manicomios, sujetos sujetados a un orden del Poder que exige la insolidaridad, el miedo, el disciplinamiento y la represión del pensamiento crítico y la creatividad, como condiciones y requisitos  de adaptación y reproducción de su lógica. 

 

(*)Psicólogo. MP 243