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DOS ORILLAS
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Director: Claudio Gastaldi
sábado 5 de abril de 2025
Nota escrita por: Ricardo Monetta
miércoles 12 de febrero de 2025
miércoles 12 de febrero de 2025
USAID: La máscara humana de la dominación imperial
La administración de Donald Trump, en su afán de revanchismo contra sus rivales del Partido Demócrata, destapó sin duda un secreto a voces que, por lo menos desde el inicio de la Guerra Fría, determinó lo esencial de la política exterior de EE.UU. Todas las decenas de guerras e invasiones practicadas por el "imperio del bien" después de la Segunda Guerra Mundial contra los gobiernos "desobedientes" tuvieron su etapa previa, "híbrida", como se dice ahora, es decir, un trabajo de desestabilización interna. La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, conocida por sus siglas USAID, fue un instrumento supuestamente de ayuda humanitaria, creado para la cooperación y asistencia con otros países.
Ricardo Monetta

Su historia se inicia en 1961, el mismo año que nacía su «hermano menor», la Alianza para el Progreso, ¿de quién? y con una preocupación «desinteresada» por la humanidad (¿?). Con el cinismo de siempre, fue proclamada como un programa de ayuda económica, política y social de EE.UU. para América Latina. Pero, en realidad, fue la respuesta del «imperio» a la reciente Revolución Cubana y al creciente auge de los movimientos de liberación en América Latina.

La Alianza pretendía reorientar el apoyo norteamericano de las obsoletas oligarquías que insistían en conservar sus feudos hacia los seudoprogresismos de la época, que hablaban de la necesidad de «cambios sociales», pero bajo las condiciones y en favor de los intereses de los de siempre. Aquel pasado con «ropa nueva» tenía en Chile su representante en el Partido Demócrata Cristiano (PDC), que, con su consigna de «Revolución en libertad» y los recursos de la CIA, trató de impedir, nada menos, que la llegada al poder de quien sería el mejor presidente de América Latina: Salvador Allende. Pero con el triunfo de la Unidad Popular en 1970 en Chile, terminó la historia de la Alianza para el Progreso, que duró poco menos de 10 años y, según cifras oficiales, costó cerca de 20.000 millones de dólares.

En cambio, la USAID tuvo más suerte y aguantó hasta 2025. Solo en el año fiscal de 2024, su costo neto fue de 23.410 millones de dólares y sus programas abarcaron más de 100 países.

En estos días, sorpresivamente, fue presentado por las autoridades de EE.UU. un informe que demuestra lo que muchos sabían: que la USAID era verdaderamente el «brazo humanitario» de la CIA. Los yanquis suelen acusar de «agentes de Putin» a miles de periodistas y comunicadores sociales que defienden la cultura y la historia rusa. Ese es un prejuicio ideológico que nace desde el fondo del carácter anglófilo que subyace en cada dirigente estadounidense, como si fuesen depositarios de un «destino manifiesto», que se exacerba con otros componentes como el racismo, el anticomunismo, etc.

Aclaremos que la USAID trabajaba penetrando y socavando sociedades, imponiendo valores y contenidos coloniales, domando a las élites locales, comprando y pervirtiendo la prensa y el arte. Era un trabajo quirúrgico que paralizaba la capacidad de resistencia y socavaba las bases de las soberanías nacionales. Nada menos. En los países pobres, o más bien empobrecidos por las políticas de los centros del poder colonial, la mayoría de los artistas y periodistas —es decir, los constructores del imaginario colectivo— son pobres.

USAID, dicho con todas las letras, era un instrumento de EE.UU. para financiar golpes de Estado. Ofrecían dinero, mucho dinero, y muchos ni siquiera «vendían su alma al diablo»; al verse famosos, reconocidos y publicitados, hasta les regalaban su alma.

En el riñón de la USAID anidaba la Fundación Soros, del magnate húngaro-estadounidense, cuya función era lograr la descomposición de los movimientos sociales en el mundo. Las dos entidades —USAID y la Fundación Soros— coincidían en un solo fin: abortar cualquier resistencia al sistema, hacer estéril cualquier protesta u organización desviándola hacia un rol secundario. También se realizaba un gran trabajo de inteligencia con datos recopilados por decenas de miles de empleados de USAID, incluyendo información personal y privada de activistas políticos, dirigentes de partidos e intelectuales de cientos de países, complementada con la big data del espionaje digital.

George Soros, personalmente, fue quien sobornó a 64 legisladores del Parlamento Europeo para que no se votara por el fin de la guerra entre Rusia y Ucrania. De esa forma, se facilitaron las operaciones mafiosas encubiertas, imponiendo la lógica «plata o plomo». Los que no se vendían, no cedían ante el chantaje o no se dejaban manipular tenían el destino marcado.

América Latina, durante décadas, fue un gran laboratorio de esas mismas técnicas que ahora se aplican en Ucrania, Moldavia y Armenia, y que terminan en las «revoluciones de colores». Sacar los tanques a la calle o bombardear palacios de gobierno es cosa del pasado. Hoy los golpes de Estado son invisibles. Los países se conquistan con cambios en las líneas editoriales de sus medios y con la redacción de anexos reservados en los convenios internacionales, donde al pueblo le comunican una cosa, pero la «transa» fue distinta.

¿Por qué existen «Reporteros sin Fronteras», tantas veces presentados como ejemplos de imparcialidad, pero al otro día sus cuentas bancarias aparecían aumentadas sensiblemente? Hasta hubo representantes de la farándula de EE.UU. que viajaron a Kiev en los últimos años. Tanto Elon Musk como el hijo de Trump compartieron un material en el que se afirmaba que la agencia había pagado a estrellas de Hollywood como Jean-Claude Van Damme, Ben Stiller, Sean Penn y Angelina Jolie para viajar a Ucrania.

A mí, personalmente, no me extraña lo de los medios y los periodistas, ya que recientemente se conoció que la OTAN dispuso un fondo de 86 millones de dólares para más de 6.000 periodistas de Occidente con el fin de bajar una «narrativa» acorde con sus intereses. Ya habían cumplido su misión al presentar a Ucrania como un país democrático, «agredido sin razón» por la tiranía rusa.

Sin embargo, Ucrania es considerado el país más corrupto de Europa, un centro de distribución de drogas y armas, con una dosis de nazismo en sus filas y con un presidente que llegó al poder mediante un golpe de Estado en 2014, en lo que se llamó Euromaidán. Ese mismo presidente, Volodímir Zelenski, ha sido llamado por Washington para que justifique el faltante de 100.000 millones de dólares que se esfumaron.

La inversión de USAID en Ucrania fue seguida por desembolsos en Georgia (36 millones de dólares), Moldavia (24,5 millones), Armenia (22,35 millones) y Bielorrusia (17 millones).

Las escandalosas revelaciones sobre los secretos de USAID forman parte de una venganza de Donald Trump, quien está convencido de que le escamotearon la elección en 2017. Los dos gobiernos, demócratas y republicanos, son parecidos, pero diferentes: unos más sutiles, otros más groseros.

Pero estamos seguros de que la USAID resucitará bajo otro nombre, que seguirá trabajando para lo mismo: la expansión del poder. Aunque tiene un punto débil que jamás podrán resolver: no todas las personas se venden. Hay algo en mucha gente en América Latina, y en muchos de sus dirigentes, que es vital: la honorabilidad.

1 comentario

  • Korea del Centro

    Muy buena nota. Tal vez hubiese incrementado su excelencia si señalara las fundaciones y medios periodísticos argentinos involucrados, así cómo también una reflexión del autor con respecto a lo que parece ser la financiación de una «disidencia controlada».
    A modo de ejemplo, la revista Anfibia, ha hecho pública su crisis a causa del cese de la recepción de los fondos provenientes del estado norteamericano.

Responder a Korea del Centro

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